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ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LA PRESENTACIÓN DE CASOS, Marta Serra Frediani
Cada sesión del Seminario del Campo Freudiano en Barcelona, desde sus inicios en 1985, consta de dos partes diferenciadas: el seminario de textos, que corre a cargo de un docente, y el seminario de casos clínicos, en el que este comparte tiempo de trabajo con dos practicantes, practicantes del psicoanálisis, que “exponen” un caso de su práctica.
Hoy, primera sesión del Seminario del curso 2007-2008, no tendremos casos, pero sí intentaremos producir un debate en la sala sobre el contenido y la forma de los mismos, así como su función en la formación del analista y en la transmisión del psicoanálisis. Para ello he preparado “algunas” observaciones, items, con el ánimo de invitarles a todos a participar en una discusión constructiva.
1. Todo sujeto es un caso clínico. – Esto se puede afirmar tomando la definición del diccionario Maria Moliner: “Caso clínico: cada manifestación individual de una enfermedad, especialmente si no es habitual” . Si mantengo mi afirmación, ¿cuál es la enfermedad que compartimos los humanos de la que cada sujeto es una manifestación individual no habitual? La especie humana está enferma de lenguaje. Es paradójico que eso que la hace “superior” a las otras especies, la presencia y la potencia de lo simbólico, sea también su dolencia común: no hay relación sexual, no hay una relación fija, escrita, determinada con la cual un hombre o una mujer puedan reconocer su partenaire. Para las otras especies, el instinto alcanza.
De esa “enfermedad común”, cada sujeto es un caso en tanto inventa una solución particular al problema, su síntoma. Cuando esa solución encuentra un tope, un tropiezo, que le deja al desnudo frente a “lo imposible de soportar” se pone en evidencia la dimensión clínica del caso porque, mientras uno es capaz de arreglarse solo puede decirse que tiene síntomas, pero no los aborda en tanto clínicos.
2. Un caso clínico no es un caso práctico. – El caso práctico es una modalidad de aprendizaje o de evaluación de un saber constituido. Se utiliza en multiples disciplinas, tan distantes como pueden ser la medicina, la macroeconomía y la psicología cognitivo-conductual. El caso práctico apunta a un “hacer saber”, hacer saber –o evaluar si ya se sabe– la manera en que debe ser tratado un problema concreto, manera que si es repetida idénticamente, producirá los mismos resultados exitosos.
Cuando Lacan decía “hagan como yo, no me imiten” (1), rechazaba la repetición, la imitación, la copia como modelo de la práctica analítica. El caso clínico pues, no busca un “hacer saber” sino la transmisión de un “saber hacer” particular de cada practicante respecto a cada caso concreto.
3. El caso clínico apunta a lo singular, no a lo colectivo. – Lacan, a la pregunta: “¿qué me está permitido esperar? (de un análisis)” responde en estos términos: “sacar en claro el inconsciente del que usted es sujeto”(2). Esa es la particularidad del saber inconsciente: es un saber que organiza la vida del sujeto para enfrentar la falta de relación sexual, un saber del que el sujeto es responsable y del que, sin embargo, no sabe nada.
Por tanto, el análisis no es el camino de la verificación de un saber ya allí, un saber constituido, sino el encuentro, siempre, de un saber nuevo, único de cada sujeto que atañe a la singularidad de su solución.
La última enseñanza de Lacan acentúa la cuestión de la singularidad en tanto diluye el refugio que las categorias clínicas nos daban: la forclusión, ahora, se generaliza a todo ser hablante. El neurótico no es sino un caso particular en el cual el Nombre del Padre es lo que permite el anudamiento entre los tres registros. La singularidad del caso tiene que ver, entonces, con la modalidad de goce del sujeto y su saber hacer con él.
Y luego están las particularidades que un sujeto –no pudiendo apoyarse en ese significante– ha encontrado, o inventado, como solución para anudar real, simbólico e imaginario: ahí encontramos una variedad infinita por explorar.
Es de alguna de esas singularidades de las que se da cuenta en el caso clínico.
4. El caso clínico pone en tensión teoría y práctica. – Todo el edificio teórico de la disciplina psicoanalítica está en juego en cada caso clínico. No hay excepciones a eso. Sin embargo, hay una diferencia entre el caso clínico y el caso expuesto, ya que este último, el caso expuesto, incluye un acotamiento del practicante, y su exposición privilegia algún punto concreto que se quiere subrayar. La exposición se centra especialmente sobre un momento de la cura, ya sea de inflexión o de cambio, un punto de vista retroactivo sobre lo que se ha producido en el trabajo analítico respecto a un concepto o la perspectiva del trabajo que se puede imaginar por delante... Como sea: nunca el caso es todo.
Si hay construcción del caso por parte del practicante es precisamente esa: el ordenamiento alrededor de un eje central que –enmarcado con citas o legible entre líneas– es teórico, y con el cual el caso particular, del analizante particular, mantiene una relación de tensión: ya sea problematizándolo o ejemplificándolo.
5. El caso clínico muestra que el sujeto está afectado por su historia no por su biografía. – La biografía de un sujeto no tiene la menor utilidad para la construcción de un caso ni para la dirección de una cura. De entrada, porque el psicoanálisis es un tratamiento sólo aplicable al material producido por un sujeto, esto es, el material subjetivo, y nada puede ni pretende con lo objetivo.
Sin embargo, la historización del sujeto sí es importante, porque en ella se pone en primer plano su responsabilidad –que, a fin de cuentas, es con lo único que contamos– al recortar las marcas que consintió que sus mayores dejarán en él, los puntos de inflexión que permitió que tuviera su vida, las repeticiones que produjo y, con todo ello, se podrá aislar qué de lo real se le presentó de manera traumática.
Lacan, finalmente, decía: “Lo que enseñamos al sujeto a reconocer como su inconsciente, es su historia”(3).
6. Un caso clinico evidencia la orientación por lo real. – Para Freud no fue difícil descubrir que los sueños, con su trabajo simbólico de condensación y desplazamiento, tenían como meta una satisfacción pulsional inconsciente, un goce, en términos de Lacan. Le llevó algo más de tiempo extraer la consecuencia clínica que implicaba el hecho de que esa misma satisfacción pulsional arraigaba en los síntomas: el desvelamiento de la significación por la interpretación no los hace desaparecer. Por tanto, aquello que lleva a un sujeto a demandar un análisis, su síntoma, aparece en el caso clínico como siendo, en si mismo, la modalidad que el sujeto encontró para tratar con el lenguaje el goce que habita su cuerpo. Y es ese goce, real, el que orienta la experiencia analítica. Freud lo localizó, Lacan lo formuló y Miller lo ordenó en seis paradigmas. Así, el psicoanalista lacaniano está advertido contra el “furor sanandi”, y lo que busca es acompañar al sujeto en su tarea de producir, o reconstruir o modificar un anudamiento de los tres registros que le permita soportar lo irreductible del goce.
7. El caso clínico incluye el trabajo del analizante y el acto del analista bajo las condiciones de la transferencia. – El analizante hace uso de una herramienta, la asociación libre, y con ella realiza dos tareas, la rememoración y la construcción. De alguna manera, el recuerdo, como la construcción, es una elaboración significante. Por tanto, la una no va sin la otra porque los recuerdos aparecen –o, habiendo estado siempre ahí, toman un valor inesperado, una nueva significación– que produce una construcción, en función de su abordaje bajo transferencia.
Pero ese trabajo analizante sería imposible de llevar a cabo sin la dirección de la cura que implica el acto del analista, acto que tiene la particularidad de ser imprevisible en momento y forma, asi como impronosticable en sus efectos sobre el analizante. Sólo apres-coup se puede verificar su eficacia.
El caso clínico, pues, debe dar cuenta de la relación de orientación que el acto analítico ha tenido en el trabajo analizante y, al tiempo, de cómo la producción del acto analítico lacaniano no responde a un estándar sino a la singularidad del caso, uno por uno.
8. El caso clínico es fruto de los tres pilares de la formación analítica: análisis, formación y control. – La autorización a la práctica analítica es compleja, ya que no hay título que la favorezca ni certificación que la confirme. Cada analista debe autorizarse por sí mismo, lo que no debe confundirse con que lo haga solo.
Lo hace en función de las transformaciones subjetivas producidas en su trayecto analizante, lo hace apoyado en las enseñanzas que recibe de la Escuela, lo hace comprometiéndose al control de su acto en la supervisión y lo hace aceptando el control de sus producciones por sus iguales. Así fue como lo recomendó Lacan en su “Acto de fundación de 1964”.
Del caso clínico que presenta, sin embargo, o precisamente por eso, tan sólo él puede y debe rendir cuentas.
9. El caso clínico es clave para la transferencia de trabajo de la comunidad analítica. – El objetivo de la presentación de casos clínicos es que sea enseñanza para la comunidad analítica. El practicante –como ya he dicho– expone el trabajo analizante y expone su acto analítico pero, para que el efecto de enseñanza se pueda llegar a producir, es imprescindible un tercero que se sienta concernido: el auditorio. El auditorio concernido, entonces, también se expone, y lo hace con sus preguntas, sus aportaciones e incluso –¿por qué no?– con sus discrepancias.
Ciertamente, las coordenadas de un caso se juegan en la intimidad de la relación analítica entre analizante y analista; para algunos el compromiso ético con el psicoanálisis se sella así y desarrollan su práctica en soledad pero, cuando uno desea y acepta pertenecer a una comunidad de trabajo como la nuestra quiere decir que consiente y elige que su práctica sea útil a alguien más que sus analizantes.
10. El caso clínico contempla la ética y la ley. – Freud descubrió una ley de protección de datos sobre la que fundó el psicoanálisis, ley que hace inaccesible al sujeto su propio inconsciente: la represión.
Ella constituye una de las paradojas de la práctica analítica en lo concerniente a la información: el sujeto viene a pedirle al analista que le dé su saber supuesto y el analista sólo puede empujarle a hablar, a la espera de que entre sus palabras, finalmente, el propio sujeto lo revele. Entonces, respecto a lo dicho al analista ¿a qué podría creer tener acceso el sujeto sino a lo que él mismo le ha confiado?
Sin embargo, la relación de secreto está en la base misma de la relación analítica. La confianza del paciente en el analista pasa por una regla ética fundamental: no debe decir lo que escucha, y esto es sin límites: no debe decir lo que escucha sobre él o sobre sus allegados, sobre su historia, sobre su vida cotidiana... a otros.
Si hoy debemos, además, tener en cuenta la “Ley de protección de Datos de Carácter Personal” que desde el año 1999, se aplica en España (4), debemos subrayar que la cuestión ética del psicoanalista va, incluso, más allá de la ley.
¿Cómo exponer entonces un caso clínico? Que la ética analítica se mantenga en la exposición de un caso y que se haga “conforme a ley” depende de que la construcción del mismo no incluya datos que desvelen la identidad del analizante ni –es importante– permitan llegar a averiguarla: esto es, “la persona” no debe ser identificada ni identificable. Y, actualmente, eso no se asegura simplemente teniendo en cuenta el auditorio concreto al que nos dirigimos en la exposición; la información circula mucho más allá de lo que podemos imaginar.
Desde el punto de vísta ético lo que importa es respetar la intimidad –que no necesita ser expuesta en detalle para mostrar las líneas de fuerza–; abstenerse de hacer un juicio sobre las elecciones de vida de un sujeto, sobre las actitudes de los que le son próximos y no estigmatizar su entorno.
Presentar un caso clínico es pues un verdadero trabajo de escritura que incluye el tacto y la discreción manteniendo la exigencia de precisión.
Hasta aquí mis observaciones; como los mismos casos clínicos, son sólo una parte, no son el todo. Me propuse escribir 10 puntos, creo que Vds. encontrarán algunos más para sumar.
Seminario del Campo Freudiano
Barcelona, 20 de octubre de 2007
Bibliografía citada:
1. Lacan, J. “La tercera”, en Intervenciones y textos 2, Manantial, Buenos Aires, p. 81.
2. Lacan, J. “Televisión” en Autres ecrits Seuil, Paris, 2001, p. 543
3. Lacan, J. “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis” en Escritos I, Siglo XXI, 2001, p.251
4. Ley de Protección de datos de Carácter Personal de 1999: “tiene por objeto garantizar y proteger, en lo que concierne al tratamiento de los datos personales, las libertades públicas y los derechos fundamentales de las personas físicas, y especialmente de su honor e intimidad personal y familiar”.
Otra bibliografía consultada:
1. Briole, G. “L’effet de formation dans la présentation de cas », en Revue La cause Freudienne, número 52.
2. Lacan, J. El seminario 7: la ética del psicoanálisis, Paidos, Buenos Aires, 2000.
3. Lacan, J. “Acto de fundación. 21 de junio de 1964”, incluido en los textos estatutarios del Anuario de la AMP de 1998.
4. Lacan, J. El seminario 23: El sinthome, Paidos, Buenos Aires, 2006.
5. Miller, J-A. La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2003.
6. Miller, J-A. El banquete de los analistas, Paidós, Buenos Aires, 2000.
7. Miller, J-A y otros. La psicosis ordinaria, Paidós, Buenos Aires, 2003.
8. Liminaire des XXXèmes Journées de L’École de la Cause Freudienne.
Marta Serra Frediani
20 de octubre de 2007
ALOCUCIÓN A LA CdC DE LA ELP, Antoni Vicens
Este es un momento privilegiado para nuestra Comunidad. No debería ser excepcional.
Como decía Lacan en una ocasión, dirigiéndose a su Escuela, ésta “se presenta como una persona moral, es decir, que como cualquier otro cuerpo se sostiene con personas, personas físicas, y un peu là” [Autres écrits, pág. 293]. En efecto, la Escuela está formada por personas que están ahí, que hacen notar su presencia. El término que utiliza Lacan en esa ocasión incluye también una referencia al être-là, al Dasein, al estar-ahí.
Sin esas presencias que están ahí, efectivamente, no hay encuentros.
Nuestra Comunidad da cuerpo moral a una cierta proximidad geográfica de un cierto número de miembros de la ELP – cuyo presidente, Xavier Esqué, pertenece precisamente a nuestra Comunidad.
Al asumir la función de Director de esta Comunidad, entiendo que mi labor, y la de la Junta, ha de ser la de favorecer la proximidad de esas presencias. Procuraremos que así se haga. La labor y el trabajo de cada cual debe tener el lugar que merece en lo que circula en nuestra Comunidad, y más allá de ella. Es lo que hará que esas presencias no sean anónimas. De tal modo que nadie habrá de poder excusar su presencia – ni permitiremos que se favorezca a quienes creen poder hacerse presentes como ausentes, por los medios que sea. La ausencia, la de quien sea, es responsabilidad suya, no de la Comunidad, y menos aún de la Escuela. Contamos con todos los que están-ahí, sin excepción.
Esas presencias se concretan en lo físico, como dice Lacan en el comentario que cité antes. También se concretan en nombres propios.
Nuestra Comunidad está hecha de nombres propios. La lista de esos nombres incluye a los miembros de la Escuela que viven aquí cerca para que encuentren algo en común. Y pues de nombres propios hablamos, no estará de más recordar algunos que tuvieron un papel en la construcción de esa Comunidad, que contribuyeron a darle una “persona moral”, para seguir con los términos de Lacan. Algunos de esos nombres propios merecen ser citados, entendiendo que al mencionarlos glosamos el apotegma lacaniano según el cual debemos aprender a prescindir del nombre del padre con la condición de hacer uso de él. Son nombres que nos evocan la suposición de una adecuación del goce con el saber, y un significado probado por el uso.
De la manera más general, Sigmund Freud y Jacques Lacan, que no se pueden reducir a sus centenarios. Otros nombres interesan de manera diversa a los miembros de nuestra Comunidad. Oscar Masotta es un nombre que viene de lejos. El de Germán García provoca aún sensaciones. A partir de ahí sólo añadiré el de Jacques-Alain Miller, cuya proximidad llevamos sintiendo desde hace tantos años como el volumen recientemente publicado nos lo recuerda.
He citado algunos nombres, pero ellos no bastarían para ordenar el campo de nuestras diferencias. También cuentan los egos, de los que supuestamente prescindimos en nuestro trabajo como analistas, y que aquí se hacen ver y oír de maneras muy variadas – por fortuna. Con eso nuestra Comunidad se inscribe en la ELP, en la AMP y, en definitiva, se funde en la Comunidad imposible, la Comunidad por venir, de la Escuela Una.
Nuestra Comunidad es también de Catalunya. De todas las cosas que se pueden decir sobre el espacio geográfico y político que significa, sólo evocaré una cierta realidad de aluvión, generalmente reconocida. Creo que sabemos aprovechar en el mejor sentido esta realidad.
Aunque formamos parte como Comunitat de Catalunya de una política de más largo alcance que la que podemos calcular aquí, no me cabe duda de que la elección que acabamos de hacer tiene un sentido político. Esta política tiene un objeto: el objeto del psicoanálisis. El objeto que, como Lacan recuerda en la misma nota que vengo citando, divide al sujeto, lo hace desaparecer bajo el significante que lo representa, con los efectos de transferencia en que se asienta nuestro trabajo como psicoanalistas, y que nos dan los medios para vivir. Esta política tiene unos principios, sobre los que Jacques-Alain Miller coordinó un Seminario hace ya un tiempo. Tomamos buena nota del contenido de ese Seminario.
Pero para acercar más las cosas a la particularidad de este momento, me gustará leer unas frases de un gran poeta que estoy descubriendo, y que me está enseñando algo sobre el modo de gozar la lengua. El fragmento dice así: “Cuando el hombre tiene que hacerse una casa, su casa en medio de la naturaleza, que lo da y lo recibe a la vez, puede hacerla sin amor ni idea o con idea y amor, con poesía. El que la hace sin idea ni amor, que es, por desgracia de todos, lo usual, deja la casa y él se queda fuera de la naturaleza; casa y él son un postizo en el mundo. El que la hace con amor e idea consigue que la naturaleza asimile esa casa y a él con ella, asimilación que necesita del hombre su tierra y el hombre de su tierra como razón de ser, vivo, y de seguir viviendo en ella, hasta la otra fusión honda, gustosa también si ha sido la alta. El hombre vivirá así contento en la casa que se ha hecho a su gusto en la tierra y que la naturaleza ha hecho, con él, suya. Casa, vida y obra, sean cuales fueren, no puede ser ni en ningún sentido ni aspecto agregados, pegotes. Que no pueda decirse de ellos, de nosotros, lo que con frases exactas dice «todo el mundo» para designar un fracaso de hechura o acomodación: «Eso es un pegote».”
El poeta es Juan Ramón Jiménez, y las frases que he leído pertenecen a una conferencia que dictó en varios lugares de Latinoamérica, titulada “El trabajo gustoso”, pero que había dictado una primera vez en España, con el título de “Política poética”.
Os convido a que nos situemos entre esos dos títulos, el “trabajo gustoso” y la “política poética” o, si queréis, entre el “trabajo poético” y la “política gustosa”. Donde tenemos todavía muchas cosas que encontrar. Muchas gracias.
Barcelona, 14 de diciembre de 2006
Antoni Vicens
14 de diciembre de 2006
EL PASE Y LA FORMACIÓN DEL ANALISTA, Xavier Esqué
En el Congreso de Roma se abordó el futuro del pase, tuvimos ahí la oportunidad de escuchar una importante serie de aportaciones de colegas de la AMP que exploraron la idea de diversidad en el pase, se trataba de explorar la idea de una diversidad en el pase sin que el procedimiento pierda por ello su credibilidad. Se inició así una reflexión -que ahora debe continuar en cada una de las escuelas de la AMP- alrededor de nuestra realidad actual, alrededor del hecho de que si bien nadie discute en nuestra comunidad analítica que el pase sigue siendo un método privilegiado de evaluación de los efectos del análisis, por otra parte, se constata también que hoy en día es una experiencia reservada solo a unos pocos, es decir, que hay pocas demandas de pase.
Mi aportación de hoy arranca, entonces, en este contexto.
Lacan inventó el dispositivo del pase en su Escuela para afrontar el problema de la autorización de los analistas. De la misma manera que en lo real no está escrita la relación entre los sexos, tampoco está escrito qué es un analista, es decir, que frente a este imposible el saber es a inventar, el saber no se encuentra en el campo del Otro. Precisamente, el pase es un dispositivo destinado a alojar esa punta de real que cada uno ha podido extraer de su experiencia analítica, una vez atravesado el fantasma de la existencia del Otro. En efecto, un análisis llevado hasta el final produce una modificación de la relación del sujeto con lo real, una modificación con aquello que no cambia, con lo que no participa del saber, es decir, con lo imposible, con lo que queda de la interpretación del síntoma.
Lacan quiso un dispositivo donde poder alojar ese saber desprendido del Otro y dar así el máximo realce a la invención de saber. Aquí encontramos lo real del psicoanálisis, lo real en juego en la formación del analista, aquí reside la esencia de la disparidad del pase que liga lo más particular de la singularidad del goce de un sujeto con lo universal de una experiencia que debe poder ser transmitida a otros. En este sentido, el pase es una salida opuesta a la identificación, por eso, tal como señala J.-A.Miller, el final de análisis Lacan no quiso que quedara solo en manos de los analistas sino de analistas y analizantesi.
El pase, entonces, es otro modo de reclutamiento de los analistas que la identificación o que la autorización por la práctica; el pase privilegia el examen del análisis del pasante, no su práctica. El pase apunta a dilucidar la "sombra espesa" del momento de pasaje de analizante a analistaii. Por tanto es el dispositivo privilegiado para dar cuenta del punto de apoyo que el pasante toma para autorizarse en la práctica analítica, es decir, el punto a partir del cual cada analista es capaz de reinventar el psicoanálisis.
La formación del analista es responsabilidad de la Escuela, de la misma manera que la Escuela también es responsable de asegurar la renovación de las generaciones de analistas. De esta manera el pase se anuda a la garantía.
Nuestras Escuelas se han ido transformando, y seguimos en ello, en cierta manera podríamos decir que estamos poniendo al día, actualizando, en cada momento el proyecto de Escuela de Lacan del 64iii. Tenemos, por un lado, la Sección de Psicoanálisis puro al servicio de la praxis y la doctrina del psicoanálisis, es decir, lo que en su momento Lacan denominó psicoanálisis didáctico. La implementación del dispositivo del pase en las Escuelas abrió la puerta a lo real, tenemos a S(A/), un no-saber, en el corazón mismo de la Escuela, asegurando la pregunta siempre abierta de ¿qué es un analista? De esta manera la Escuela mediante el dispositivo del pase, haciéndose cargo del pasaje de analizante a analista, se hace cargo también de las consecuencias del acto analítico.
Por otra parte tenemos la Sección de Psicoanálisis aplicado, es decir, el campo de la terapéutica, no la terapéutica médica como en el 64 sino la terapéutica analítica, tenemos aquí los centros de nueva creación de psicoanálisis aplicado que con los CPCT a la cabeza se hacen cada vez más presentes en la ciudad atentos y cercanos a la clínica de la época.
Por último, tenemos la Sección de Recensión del Campo Freudiano que por medio de las enseñanzas, publicaciones y actividades de difusión de las bibliotecas trabajan para asegurar la inscripción del psicoanálisis en el campo del saber y por tanto trabajan también por el esclarecimiento y transmisión de los principios de la práctica analítica.
Con esta reactualización estamos ante un nuevo marco, ante una nueva reconfiguración, se trata como señaló Eric Laurent en Roma de un anudamiento formado por tres consistencias: la Escuela, el Instituto y los Centros de psicoanálisis aplicado (CPCT).
Cuando pensamos la formación del analista en la Escuela no podemos dejar de tomar en cuenta esta nueva reconfiguración, porque ahora la Escuela debe hacerse cargo de los efectos y resultados de las acciones emprendidas en el campo del psicoanálisis aplicado, es decir, que esto conlleva aparejados una serie de requerimientos de formación para los practicantes, como son análisis, control, etc. Se puede ver como todo ello tiene una importante incidencia en la formación del analista.
En este nuevo contexto ¿el pase debería seguir quedando reservado tan solo para el final del recorrido analítico? O por el contrario ¿No sería mejor abrir el pase - en la misma línea que proponía el Delegado General de la AMP, Eric Laurent, en Romaiv- con el objeto de permitir dar cuenta del momento de pedido de entrada a la Escuela como miembro o del pasaje que comporta la autorización a la práctica analítica?
Estoy por innovar, estoy por abrir el pase y proseguir, y relanzar, el trabajo de Escuela alrededor de la lógica del acto analítico. Lo vivo de la Escuela se encuentra en la transferencia de trabajo que gira alrededor de un no-saber, la pregunta ¿qué es un analista? ¿qué es el psicoanálisis? Y ¿cómo opera? Se trata de hacer un lugar a lo real en juego en la formación del analista. Lo vivo de la Escuela se encuentra cuando no se retrocede en plantear lo que ocurre con los analizantes que tras su paso por la experiencia analítica salen de ella por el acto a partir del cual se han autorizado como analistas.
En este sentido, cada uno de los miembros de la Escuela tiene una responsabilidad, la responsabilidad de tolerar la cercanía de ese real. Vivir la Escuela y dejarse “formar” por ella implica entrar en contacto con las diversas formas de presentación de ese real en la misma institución. La formación del analista, entonces, debe incluir las manifestaciones de lo real en la institución analítica que es la Escuela.
De esta manera el pase y sus enseñanzas deben constitutir el eje central de una conversación permanente acerca del real en juego en la formación del analista y acerca de la juntura íntima entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado.
iMiller,J.-A., Introducción a la clínica lacaniana, ELP-RBA.
iiLacan, J., Proposition du 9 octobre 1967 … , Autres écrits.
iiiLacan, J., Acte de fondation, Autres écrits.
ivLaurent, E., Discurso de candidatura de Eric Laurent para la función de Delegado General 2006-2008
(Este texto saldrá publicado en la Lettre Mensuelle de noviembre)
Xavier Esqué
10 de septiembre de 2006