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Uno de los temas más apasionantes en la historia de la teoría y la
técnica psicoanalítica es, sin duda, el de su eficacia terapéutica.
Lo fue
desde el primer momento, desde los mismos inicios del método hipnótico aplicado
por Freud y la decepcionada verificación de que los efectos terapéuticos obtenidos
por ese método, eran tan rápidos y sorprendentes como caducos en el tiempo: al
cabo de un más o menos breve periodo de franca mejoría la sintomatología
regresaba como alma en pena a los mismos lugares de donde abruptamente había
sido desalojada…
La
renuncia a la sugestión es el acto ético mediante el cual Freud inventa el
método analítico
propiamente
dicho.Y será a partir de este punto que veremos
alzarse una tensión constante entre lo analítico y lo terapéutico —al decir de
Freud, entre el oro puro del análisis y el cobre de la sugestión—, tanto en el
interior de las elaboraciones teóricas y clínicas, como en el seno mismo del
movimiento psicoanalítico.Ya que si por un lado,
Freud se encuentra con poderosas fuerzas que se oponen al análisis conforme
este progresa, e incluso conforme va obteniendo espectaculares efectos
terapéuticos, por el otro, en el seno del movimiento psicoanalítico algunos de
sus discípulos propondrán recursos técnicos y clínicos para aumentar esa
eficacia terapéutica, y de paso acortar lo más posible la duración del
tratamiento.
Así,
nos encontramos con un Freud que con relación a su propia práctica clínica, se
ve confrontado a un real que se opone de continuo a la labor analítica —pero
con el que finalmente se guía a modo de brújula en la dirección de la cura—, y
con respecto a sus discípulos será el que —amparándose en la estructura del
goce, el famoso factor económico— se alzará, como si de un representante de lo
real se tratase, en contra del siempre peligroso furor sanandi.
Esa
tensión, tensión de estructura, se prolongó a lo largo del siglo pasado bajo
diversas formas y rostros, hasta llegar hasta nuestros días en los que sigue
siendo motivo de apasionados debates en todo el campo de la salud mental;
máxime cuando con respecto al síntoma se ha llegado a alcanzar tales cuotas de
odio, que pocos parecen haber caído en la cuenta de que todo el inmenso arsenal
terapéutico que se esgrime para luchar en su contra y eliminarlo, no consigue
sino hacerlo crecer y multiplicarse por doquier.
Sin
embargo, nuestra política es otra y se encuentra marcada por una orientación lacaniana muy precisa: la política del síntoma, una
elección radical que trata de orientarse a partir del núcleo real del síntoma
en tanto imposible e ineliminable.
Las
contribuciones contenidas en este doble número de Freudiana así lo demuestran.
Su eje central se articula alrededor de una selección de trabajos expuestos en
el Taller sobreEfectos Terapéuticos del
Psicoanálisis, y muestra cómo una práctica orientada por lo real puede obtener
efectos terapéuticos sin eliminar la singularidad propia del sujeto en su
implicación en lo sintomático, al mismo tiempo que, tal y como lo señala
Jacques-Alain Miller en su “Psicoanálisis y Sociedad”, permite interrogarnos desde
el núcleo mismo del dispositivo analítico sobre aquello que consideramos el
Otro en su dimensión social, es decir, que dicha orientación permite
interrogarnos sobre lo más íntimo y lo más extimo del
sujeto.
En
torno a ese eje central de los efectos terapéuticos y de esa interrogación
sobre el Otro, el lector podrá encontrar una larga serie de trabajos
fuertemente articulados entre sí, sobre el pase y su pasador, sobre las
terapias breves, sobre la política del analista en relación al bien y al mal,
sobre el abordaje de las emergencias en ese pliegue abismal por el que a veces
transita el ciudadano actual de las megápolis, hasta
llegar a poder recrearse en una de las figuras centrales en la transmisión del
psicoanálisis en lengua castellana, como lo fue ese singular analista llamado
Ángel Garma.
Para
concluir, no dejaremos de señalar la enorme satisfacción de contar en Freudiana
con un excelente, a la par que delicioso artículo de Paul Auster,
en el que lanza una reflexión muy certera y aguda sobre las paradojas de la
economía de mercado en el régimen capitalista y la estructura del sujeto allí
comprometida.
José Manuel Alvarez
Desde la aparición del legendario número 1 de Freudiana
hasta este número 45 que el lector tiene en sus manos, han transcurrido 15 años.
Han sido, por tanto, 45 números editados cada uno de ellos cuidando la
exposición y el desarrollo de otros tantos argumentos teóricos y clínicos
surgidos del interior mismo del dispositivo analítico y en éxtima
conexión con lo más actual de la problemática subjetiva de nuestro tiempo. Buen
ejemplo de ello fue aquel número 1 dedicado fundamentalmente a dos temas que
siguen formando parte de la más candente actualidad: “Nosotros y la Muerte” y
“Sobre el racismo”. Igualmente este Freudiana 45 expone y desarrolla
otro argumento de plena actualidad, al tomar como su eje central una amplia
selección de trabajos presentados en la 1ª Jornada “La clínica del CPCT” —Síntomas
actuales, deslocalización y exclusión social, angustia y urgencia subjetiva—
que tuvo lugar en Barcelona el día 7 de Octubre de 2005 con motivo del primer
año de funcionamiento del Centro Psicoanalítico de Consultas y Tratamiento
(CPCT). Institución que, tal y como ha señalado su Directora Elvira Guilañá, extrae su fuerza material: “De cada inicio de
tratamiento, de cada demanda de análisis suscitada, ya que son cada vez una
enseñanza para la comunidad analítica en tanto se realiza desde una nueva
perspectiva de la aplicación del psicoanálisis, desde la actualidad del
psicoanálisis de orientación lacaniana en el siglo
XXI, en la invención de un nuevo espacio vinculado a la Escuela y abierto a lo
social. Las condiciones de funcionamiento del CPCT, la duración del tratamiento
y su gratuidad ponen en juego estos significantes-amo de lo social y movilizan
el deseo del analista en el sentido del acto analítico y en el sentido de la
‘acción analítica’, en la apuesta sostenida día a día de incidir en las nuevas
formas del síntoma”.
El lector podrá comprobar cómo en cada uno de los trabajos presentados en aquella 1ª Jornada, en cada uno de los detalles teóricos y clínicos, en definitiva, en cada una de las exposiciones de esa praxis tan singular como lo es al fin y al cabo la experiencia psicoanalítica, se ponen en juego los conceptos fundamentales de la orientación elaborada y transmitida por Jacques Lacan; resultando de ello efectos terapéuticos sensiblemente diferentes a los que se nos vende con ese marketing de andar por casa de la psicoterapéutica actual. También se podrá apreciar con suma nitidez cómo dan respuesta, cada uno a su manera, a lo que nos atreveríamos a llamar “la ideología del número diabólico” —ideología que se ha apoderado de todos los sistemas de gestión de la salud—, y de la cual el lector podrá leer una extraordinaria arqueología en el texto de Jacques-Alain Miller, “El hombre sin cualidades”.
Desde otra vertiente, los textos de la sección Temas Cruciales y Síntomas de la Cultura, debaten con argumentos clínicos y epistémicos contra ese up-date de la viejísima Psicología del Yo, ahora con olor a refrito conductista y recalentado con las nuevas técnicas de training y management, como son las TCC; responden a la actual nosografía que borra el síntoma en “beneficio” del trastorno y del síndrome; critican la concepción científica de la enfermedad mental derivada de la alianza de la psiquiatría biológica con la psicología cognitiva; realizan un recorrido clínico sobre el tormento de las modernas ciencias de la comunicación, es decir, ponen el dedo en la llaga de lo “imposible de comunicar”; y trabajan con casos clínicos sobre la construcción del equívoco y la concepción de la neutralidad analítica en la dirección de la cura.
Freudiana no podía cumplir 15 años de existencia en el mismo año del aniversario del sin par Don Quijote de la Mancha sin incluir un artículo sobre “Don Quijote autor de Cervantes” del escritor Alberto Manguel y una reseña sobre el libro “Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano”, para brindar nuestro particular homenaje a un autor y a su insigne caballero, Don Quijote, ejemplo extraordinario —entre otras muchísimas cosas— de que lo más universal del sujeto es su más profunda, íntima y muy saludable división.
José Manuel Alvarez
En el
momento de elaborar este nuevo Freudiana, recibimos la trágica noticia del
fallecimiento de nuestro colega José Antonio Naranjo Mariscal, psicoanalista, miembro
del Consejo de la ELP y futuro director del nuevo CPCT de Málaga, en el cual había depositado su
deseo, su entusiasmo y su trabajo; lo que muestra hasta qué punto sus intereses
estaban en consonancia con los nuevos tiempos en los que cada vez es más
necesaria la presencia del psicoanálisis en los múltiples dispositivos de la
llamada red de salud mental.
Naranjo, en palabras de Manuel Fernández Blanco –presidente de la ELP–, era hombre comprometido con el want to be de la Escuela, y por ello mismo dejó una amplia elaboración escrita; una muestra de la cual nos hacemos eco publicando la segunda parte de su excelente ensayo titulado “Psicología de las Masas” a la Luz del Siglo XXI, con el cual queremos rendir un cálido y sentido homenaje, y mostrar nuestro más sincero reconocimiento al colega y amigo que ya no está entre nosotros.
Además, el azar ha querido que los intereses de José Antonio, se conjugasen extraordinariamente bien con el núcleo central de la revista que el lector tiene hoy en sus manos, compuesta por una serie de artículos la mayor parte hilvanados entorno a un eje eminentemente clínico y relacionados a su vez con los Centros de psicoanálisis aplicado que, desde las diversas Escuelas que componen la Asociación Mundial de Psicoanálisis, vienen creándose en los lugares donde se los necesita y se dan las condiciones, y los tiempos mínimos, para su construcción y posterior desarrollo. Los CPCT de París y Barcelona, la Institución del Campo Freudiano de la Coruña, la Red Asistencial de Madrid, la de Buenos Aires de la EOL, la de la NEL-Caracas, son buena muestra de hasta qué punto la orientación lacaniana se mantiene a la altura de los tiempos, dando respuestas estrictamente analíticas –con ello queremos decir: políticas, epistémicas y clínicas-, a las nuevas formas del malestar en la cultura.
Además, y como no podía ser de otra forma, ofrecemos al lector otro excelente texto de Jacques-Alain Miller, Iluminaciones Profanas, junto con el del escritor Ricardo Piglia Tesis sobre el Cuento al que J.-A. Miller hace continua referencia en la primera parte de su trabajo.
Una nueva sección creada para esta ocasión, “El Debate Actual” recoge la extraordinaria presentación del último libro de Eric Laurent, Lost in Cognition, así como también la excelente y sin par exposición de Germán García, sobre Las Terapias Milagrosas, ambas celebradas en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona
Las Enseñanzas de los AE recoge dos primicias: el primer testimonio de la recién nombrada AE de la Ecole de la Cause Freudienne, Rose-Paule Vinciguerra, y un muy valioso trabajo de nuestro colega Xavier Esqué en el cual desarrolla de una manera muy precisa y nítida los puntos de articulación entre la vertiente analítica y la terapéutica del método psicoanalítico.
Esperamos entonces que el lector aprecie en este nuevo número de Freudiana una sintonía con las palabras de Manuel Fernández Blanco cuando se refería en estos términos a nuestro colega José Antonio Naranjo Mariscal: “Sabía que estamos en el tiempo de hacer valer el peso del psicoanálisis en la ciudad, en la esfera pública. Sabía que el psicoanálisis debía jugar un papel decisivo en el campo de la política y de la civilización”.
José Manuel Alvarez
El presente número de Freudiana
está marcado por el vector que ha orientado a la comunidad analítica del Campo
Freudiano estos dos últimos años de trabajo hacia el V Congreso de la AMP, que
se celebra en Roma en julio de este año bajo el título El Nombre del Padre. Prescindir, servirse de él.
Así, el excelente artículo de Jacques-Alain Miller, “Lectura crítica de ‘Los complejos familiares’ de Jacques Lacan”, ofrece una más que práctica y precisa brújula de trabajo para orientarse respecto al sentido y a la significación de “los complejos familiares como formación del individuo”, además de un profundo análisis de muchos de los conceptos que solemos utilizar y el radical alcance que poseen para la teoría y la clínica de todos los días.
La sección La Escuela Hoy, reúne una serie de muy importantes trabajos teóricos con estrechas articulaciones clínicas, en los que se demuestra que el cuerpo en psicoanálisis se dice, y además es fundamental y profundamente erógeno.
Las patologías que se abordan en esta sección ponen en primer plano el cuerpo, pero de otra forma que la “clásica”. En efecto, mientras que en la actualidad el sujeto se puede presentar como no pasándole apenas nada, es su cuerpo mismo el que se da a ver como un síntoma, su cuerpo se sintomatiza en la agitación permanente de la hiper-actividad, en el continuo abuso hacia el cuerpo del otro en el Bullying, en la delgadez extrema y a veces cadavérica de la anorexia, en ese extraño ejercicio de llenado y vaciado bulímico, etc.
Lo «nuevo» hoy es poner en juego el cuerpo a todos los niveles: desde el suicida de la autopista, continuando por muchas de las formas de maltrato, siguiendo por la cirugía corporal, añadiendo toda la patología —cada vez más creciente— arriba señalada y finalizando por todas las creaciones tipo piercing, tatoo, body-art y sus performances a lo Bob Flanagan, Orlan y compañía, hasta llegar a los deportes X-treme.
Lo extraordinario es que el síntoma en estos casos se corporiza, acaba haciendo cuerpo, es decir, el síntoma hace cuerpo —gordo, delgado, tatuado, atravesado, operado, malherido, golpeado, mutilado, violado, envenenado, explosionado, suicidado, muerto, matado, etc.— en una operación de entrega a la voraz y siempre insatisfecha mirada del Otro que todo lo traga: la de la cámara del móvil, la de la pequeña pantalla de TV, la del PC, la de internet…, etc. Es, sin duda, la época del espectáculo de los cuerpos y en lo que en ellos acontece, sin exterior ni interior y, por tanto, sin intimidad…
Así que se pasa del cuerpo como algo a tratar —por ejemplo, en la toxicomanía—, al cuerpo mediante el cual el sujeto trata algo.
Los trabajos que se agrupan en La Escuela Hoy demuestran hasta qué punto la introducción de la palabra, de la transferencia y de una clínica orientada por lo real entrega al sujeto la posibilidad de encontrar otras formas menos atroces y dolorosas de abordar la falta del Otro.
La temática del Nombre-del-Padre, pivote del citado Congreso, se desarrolla desde diversas perspectivas a lo largo de todos los trabajos que el lector podrá encontrar en la sección Temas cruciales, mostrando a su vez la actualidad siempre renovada de la interrogación freudiana: ¿Qué es un padre?
No terminaremos sin mostrar nuestro entusiasmo ante el recibimiento del último libro de nuestro querido colega José María Álvarez Martínez, titulado “Estudios sobre la psicosis” que, a buen seguro, se convertirá en un referente en el mundo de la psiquiatría y la salud mental, ya que como se señala en el Aposento de los Libros: “Es un libro que muestra una posición de combate de muchos clínicos dispuestos a pelear por subordinar el bíos de lo biológico al bíos de lo biográfico, por sostener la concepción freudiana del síntoma, por cuidar el trato con el psicótico, por aceptar como premisa inevitable el que la verdad en el psicótico fluye por diversos caminos, por devolver al loco el fardo de sus obligaciones, por la defensa a ultranza del modelo de la psicosis única y, en definitiva, por la necesaria recuperación de Freud por parte la psiquiatría, que habrá de buscar en él su verdadero rumbo cuando despierte de su letargo fisiológico y no caiga en el activismo ciego de las prácticas conductistas”.
José Manuel Álvarez
“Esto no los convierte en propagandistas
de una nueva erótica; lo que tienen que hacer en cada caso particular —y para
lo cual hay más o menos necesidad de vuestra ayuda—, es que a la espera de esa
nueva erótica del cosmonauta futuro, ustedes ofrezcan soluciones artesanales.”
Así plantea Lacan en el año 1967, en su Seminario La Identificación, la oferta
esencial de esa praxis tan singular que es el psicoanálisis. Y el lector de
Freudiana podrá comprobar hasta qué punto dicha oferta se materializa, y su lógica
queda puesta de manifiesto, en los casos expuestos y elaborados en la sección
La Escuela Hoy. En efecto, las soluciones encontradas por cada uno de los
sujetos en el “interior” del dispositivo analítico —un simpático pero
atormentado niño y su Harry Potter, un joven torturado por un dolor tan
punzante como el del desamparo, un hombre angustiado y su peculiar olor, otro
perseguido por figuras femeninas de un goce nocivo y perturbador, el otro
trastornado por su tartamudez y escabrosos pensamientos, y aún otro con una
grave depresión por no saber qué hacer con la puesta en juego de la carta del
significante paterno—, son todas ellas soluciones muy alejadas de las
prescritas y protocolarizadas por los stándars psicológicos, muy alejadas también de los remedios
personalizados, de las recomendaciones integrales, en definitiva, del “credo de
tonterías” que Jacques-Alain Miller nos recuerda en su excelente artículo
Piezas sueltas en referencia a las Terapias Cognitivo-Conductuales, (TCC) —tan
de moda hoy en día, y por ello mismo tan pasajeras—, y que no son sino el
retorno con cara de niño bueno y ojos sanguinolentos de la más hooligan
de las terapias: la conductista, la de aquellos deliciosos calambrazos y su alud
de collejas de premios y castigos; por cierto, conductismo hoy tan denostado
por los mismos que lo formalizaron, luego lo publicitaron y después lo
practicaron con tanto deleite y fruición…
Estas soluciones artesanales tienen su sentido más profundo en el testimonio de Mauricio Tarrab “Y el soplo se vuelve signo”, en el cual se podrá leer que incluso la buena terapéutica no tiene porqué excluir ni lo más genuinamente analítico, ni lo más genuinamente humano, por ejemplo, la angustia —hoy tan odiada y rechazada—, al mismo tiempo que ayuda al sujeto a situarse ante la elección de seguir o no, repitiendo, a la par que sufriendo, el constante “(…) precipitarse a llenar el agujero que es el Otro”, dejando así la puerta abierta a otra posible relación con la contingencia; lo que puede leerse como una transformación de las relaciones del sujeto con las paradojas infernales del Superyó. Objeto bizarro, monstruo de las mil cabezas, siempre tan moderno y siempre tan rabiosamente presente en la argamasa de los pueblos, y sin el cual nada se puede entender de la sintomatología social, tal y como se podrá comprobar leyendo el exhaustivo recorrido que nos brinda el texto, La división del sujeto contra sí mismo: una contribución a la clínica del Superyó.
En efecto, la clínica del superyó es, entre otras, la conexión secreta que ordena muchos de los fenómenos que también examina con su fino humor y de manera brillante, una de las plumas más lúcidas en el campo del análisis sociológico y del reportaje periodístico de la España actual, como es la de Vicente Verdú, que en su último libro “Yo y Tú, objetos de lujo” —del cual nos complace ofrecer al lector uno de sus capítulos más atractivos, “La feminidad sin la mujer”—, plantea, ante el mar de los nuevos síntomas, una toma de posición muy lejana de la de aquellos que creen que lo real se puede prevenir e incluso curar, y extraordinariamente cercana a los que consideramos la formación de síntomas como uno de los modos de tratar lo incurable de la condición humana. Sin duda, es en esta última concepción donde el psicoanálisis asegurará su porvenir, pues tal y como señalaba Sigmund Freud: El psicoanálisis puede ayudar a la conquista progresiva de ese campo que constituye “el núcleo de nuestro ser”. Este es un trabajo de civilización y de construcción comparable al de los pólders, es decir, a la desecación de tierras que salen a la luz en el lugar donde antes sólo reinaba el mar. Por ello mismo nos sumamos a las palabras de Verdú cuando, después de describir y analizar un panorama aparentemente catastrófico, o sea, lleno a rebosar de nuevos síntomas y malestares en la civilización, concluye: “El optimismo empieza aquí: una vez agotados los discursos más tristes, las ideologías profundas, la larga cultura de la lamentación y el prestigio del martirio.”; señores, ahí queda eso.
José Manuel Álvarez
En este número de Freudiana —a un paso de la media centena—
continuamos en La orientación lacaniana, “de la mano
de Jacques-Alain Miller”, con sus Piezas sueltas. Pero esta vez, las tomamos
desde el comienzo: su presentación del Seminario 23, El Sinthome,
de reciente aparición en castellano.
El vuelco teórico que Lacan da a su propia teorización del
inconsciente estructurado como un lenguaje, en términos significantes, nos
conduce a la diferencia entre el lenguaje y lalengua,
entre el síntoma y el sinthome, entre el
desciframiento de la verdad del síntoma y el saber hacer con éste, su uso y no
su efecto terapéutico a través del desciframiento. Es lo que Jacques-Alain
Miller nos entrega en un ordenamiento claro —a pesar de no proponérselo— en su
“elucubrat”, en su lectura de este seminario.
La Escuela Hoy recoge los trabajos de presentación del tema, del
Encuentro PIPOL 3, que se llevará a cabo en París, en junio de este año. El
título, El psicoanalista en contacto directo con lo social, sirve de pre-texto
para las reflexiones de Antoni Vicens y de Manuel
Fernández Blanco. El primero, retoma las definiciones de “lo social” para
rescatar en cada ocasión la noción de pulsión de muerte como “el concepto
necesario para interpretar el sacrificio que el sujeto se ve llamado a realizar
para suponerse parte de un todo social”. El segundo, nos recuerda que no hay
lazo social por fuera del síntoma, que no hay forma de vincularse que no sea
sintomática y que no hay vínculo social libre del goce más particular. Les
acompañan dos intervenciones de Hebe Tizio y Margarita Álvarez, leídas en las
II Jornadas del CPCT, en octubre de 2006, con notas clínicas que tienen en común
el tema de la inmigración y sus efectos subjetivos.
Al concepto de El Pase dedican sus contribuciones, Miquel Bassols y Mauricio Tarrab. La
ponencia de Miquel Bassols, en el V Congreso de la
AMP, en Roma, durante el mes de julio de 2006 nos invita a considerar este
dispositivo en relación al número pi, buena manera de esperar el acontecimiento
imprevisto sin que esta “espera” contradiga el efecto de novedad y sorpresa del
mismo.
De Mauricio Tarrab contamos con su
intervención, testimonio, realizado en el Seminario del Pase, en la Comunidad
de Catalunya de la ELP, el 9 de octubre de 2006.
Con un artículo de Anne-Cécile Druet retomamos el apartado, El psicoanálisis en su
historia, formulado en números anteriores. Su curioso recorrido por las
publicaciones periódicas de la psiquiatría española, durante los años de la
dictadura, nos entrega una visión, en versión del vecino, de los inicios de
Lacan en la historia del psicoanálisis francés, y su repercusión en el ambiente
intelectual y clínico de su época.
El psicoanálisis aplicado en un servicio de urgencias, en un
hospital de Bolivia, y su atención a los casos de suicidio, que presenta el
grupo de trabajo de la Nel - La Paz, relatado por Mª
Elena Lora; y el tratamiento de una joven cuya angustia se desencadena en un
momento de decidir su retorno a lo propio, presentado por Gabriela Galarraga,
conforman el espacio de Clínica.
Babel. Un balcón sobre lo imposible, un comentario interesante, y
desde el punto de vista psicoanalítico, “interesado” por lo real, de una película
de reciente estreno en las carteleras cinematográficas de la ciudad; y Ciclos,
una vuelta por la antropología en busca de la posible o más bien imposible
existencia del psicoanalista, en la cultura hindú; artículos de Anna Aromí y Susana Narotzky respectivamente,
completan el cuerpo principal de este número, en el apartado de Síntomas
Contemporáneos.
Y finalmente, dos reseñas realizadas por Jaime Claro y Vicente
Palomera, cierran página en el Aposento de los libros. Dos reseñas, dos libros.
Blog-notes sobre el síntoma, de Eric Laurent, que el reseñador nos
comenta puede ser leído como las notas de un viajero. Un viajero del campo
freudiano por el mundo de la ciencia, del arte y de la clínica.
Y para terminar, el libro Pensar la psicosis. El trato con la
disidencia psicótica o el diálogo con el psicótico disidente, de Enrique Rivas,
del que Vicente Palomera nos ofrece un detallado comentario.
Myriam Chang Ramos
¿Cuál pensáis que es el agalma de
Freudiana? Se trataba de una pregunta “práctica” que Rosa Calvet, actual
Directora de la BCFB, nos dirigía a unos cuantos. Se trataba en definitiva de
publicitar la revista, en la sección de la Librería, de la web. ¿En qué
términos exponerla? Y ¿qué responder a semejante pregunta? ¿Son los artículos
que Jacques-Alain Miller nos permite publicar en cada número? ¿es la colaboración de otros tantos autores, de Europa y de
América, que se han hecho un nombre en la producción teórica y clínica dentro
del psicoanálisis? Ciertamente, algo de esto hay. Lo cierto es que, entre el
momento de esa pregunta y el ahora, nos han llegado a la redacción varios
comentarios de colegas que trabajan en distintas Escuelas en el mundo:
Freudiana es una de las revistas más solicitadas y leídas en sus respectivas
Escuelas, nos dicen. Y al interior de la Comunidad que la e-labora, Vicente
Palomera y Toni Vicens, entre otros, confiesan sin
ningún embozo que Freudiana les es muy querida.
En efecto, de eso se trata, de que al principio era el amor. Un
principio que principia, cada vez otra vez, en cada número. Así desde el número
Uno, hasta ahora que harán Cincuenta. Del 1 al 14, bajo una cubierta discreta,
que ocultaba invaluables textos inéditos del propio Jacques Lacan; para luego —y
gracias a la integración de Carlos Rolando en el equipo— realzar sus portadas
al nivel del arte de su diseñador. Así ha sido Freudiana hasta ahora:
interesante, constante, puntual la mayoría de la veces, tardía en otras… Aunque
esto último tampoco está mal. También es cosa de hacerse desear…
Ha correspondido a nuestra comisión —inmerecidamente, habremos de
recalcarlo— oficiar la celebración de su número Cincuenta. Inmerecidamente
porque no hemos hecho más que comenzar. Ocho equipos nos han precedido, 9 Directores:
Horacio Casté, Antoni Vicens,
Jorge Sosa, Shula Eldar, Alicia Calderón de la Barca,
Elvira Guilañá, Eugenio Díaz, Daniel Cena y José
Manuel Álvarez. Y muchos colegas que han participado y que no podemos nombrar
por falta de espacio. Pero ellos lo saben: han contribuido con su mejor hacer.
Pasándose el relevo de su cuidado han hecho de la revista lo que hoy es.
De manera que este número que hemos pretendido que fuese especial,
no puede ser sino como los otros, sólo es portador de la elaboración de una
Comunidad que sigue la Orientación Lacaniana, bajo la
afinada guía de los Cursos de Jacques-Alain Miller. Es sólo eso y mucho más.
Todo lo que sus lectores quieran depositar en el cascarón vacío que la conduce
hacia —¿por qué no?— ¿otros cincuenta más?
Este número en particular, contiene la continuación de las clases
que J.-A. Miller dedica al seminario El Sinthome,
imprescindibles al momento de abordar este seminario, crucial en la última
enseñanza de Jacques Lacan.
Como siempre contiene también las actividades que se han
organizado en la Comunidad. El Sábado de la Orientación Lacaniana
del 14 de abril, Hacia el Pipol 3. Psicoanalistas en
contacto directo con lo social, Jornada de preparación del Encuentro Europeo
que tuvo ya lugar, en junio, en París. También incluye algunas de las ponencias
presentadas en el encuentro en Homenaje a Rosine y
Robert Lefort, celebrado el sábado 16 de junio. Una
forma de “trabajo de duelo” por la pérdida de estos dos analistas que han
dejado una marca importante en la historia del psicoanálisis en esta ciudad y
en España.
En el espacio del pase que “ya no es lo que era” según explica
Fabián Naparstek, Estela Paskvan,
por su parte, expone las posibilidades de lo que puede ser.
Reunidos en uno solo el espacio de Conceptos y el de Clínica, y
con el punto bisagra de la Psicosis, incluimos los trabajos de Esthela Solano y Gustavo Dessal.
En Síntomas de la Cultura y como producto de un cartel, Alín Salom reflexiona sobre el
papel de la escritura en Flaubert.
A continuación agregamos un apartado para señalar Un hito, se
trata sólo de señalizar este número, poniendo en él una marca. Tal como así lo
hacen Antoni Vicens y Carlos Rolando hablando de
Freudiana.
Y para terminar como siempre, dos reseñas, dos libros presentados
por Paloma Larena y Alicia Calderón de la Barca.
Myriam Chang Ramos
¡Otra portada negra! ¡Y con ésta van tres! Algo que ha producido
sorpresa y en ocasiones confusión entre algunos lectores —“ésta ya me llegó,
envíenme la siguiente”— e incluso entre los impresores: “Debe haber algún
error, es la misma portada con el mismo título ‘Piezas sueltas’”. En efecto, las piezas sueltas que hemos
ido haciendo llegar “por entregas” a nuestros lectores, gracias a la amable
autorización de su autor, han mantenido un punto en común a lo largo de su
edición en esta revista: su negra portada en la que sólo variaba el grafo, es
decir el nudo, o con mayor propiedad, algo del orden de la escritura, algo del
orden de ese “discurso sin palabras” al que se volvió Lacan tan afecto hacia el
final de su enseñanza, y que estas lecciones de Jacques-Alain Miller abordan.
Quienes
tengan la revista Freudiana
desde hace
un año, tendrán también todas las piezas juntas y, con seguridad, habrán notado
que las piezas aunque enviadas en su orden desde el número 49 al 51 de la
revista, faltan a este orden entre el final y su inicio. Lo cual, visto bien,
es una manera de completar retroactivamente una primera lectura, y por qué no,
recomenzar una segunda; puesto que estas lecciones así lo meritan. Para quienes
adquieran sólo números sueltos de Freudiana valga la siguiente aclaración: para leer las lecciones Pieces detachées, en su edición
castellana en esta revista, están contenidas siguiendo el orden en que fueron
dictadas, en los siguientes números de Freudiana por este orden: 49-50-51 y 48.
Esta
transposición editorial: publicar la última parte como primera, tuvo su razón
en su momento. Se trataba de entregar con presteza las elaboraciones sobre el
objeto a ahí expuestas, de manera de aportar bibliografía en la
orientación que han seguido las Escuelas, en estos dos últimos años, en vistas
al Congreso de la AMP, de abril en Buenos Aires:“Los
objeto a en la experiencia
analítica”.
Por aquí
entramos en este número de Freudiana en concreto. Casi se podría decir que es un número pensado bajo
esta orientación. El objeto a, en sus vicisitudes, su lógica y su clínica, es el tema explícito
en el apartado de La
Escuela Hoy.
Isabelle Durand, Iván Ruíz
y Anna Aromí nos entregan sendas elaboraciones,
previamente expuestas en los Espacios de preparación para el Congreso, en
nuestra sede.
En El Pase, Miquel Bassols retoma la frase de Lacan: “La destitution subjective n’est pas moindre
à interdire cette passe de ce qu’elle doive, comme la mer, être toujours
recommencé”, proponiendo una nueva traducción que
permite entender por qué el pase es una experiencia que debe recomenzarse
siempre, en una suerte de “rectificación subjetiva permanente”. Y Carmelo Licitra Rosa, amplía, en una primera parte, lo que fue su
primer testimonio como AE, en Bologne, en mayo del
pasado año.
Con el tema
del duelo, recogemos las ponencias de Rosalba Zaidel
y Hebe Tizio, que fueron presentadas en las III Jornadas del CPCT-Barcelona. Y que valen bien como
presentación del programa CPCT-Dol, que desde su
puesta en marcha, en septiembre de 2006, da acogida en el CPCT, a todas las
demandas que, en el punto más álgido de la división subjetiva, se refieren a
una pérdida, a una muerte, cercana o no. Con ejemplos clínicos nos muestran
cómo el tiempo del duelo, no puede ser sometido por la presteza de un “deber
ser” que pide la expresión popular de “el muerto al hoyo…”, taponando el
agujero abierto con el “bollo” que al vivo recomienda.
En el
apartado Temas un interesante artículo
de Jean-Claude Maleval, que recoge desde la clínica
la acertividad de una frase de Lacan de 1975,
referida a los autistas: “que se trate de personajes más bien verbosos”, da
ocasión de considerar la puesta en juego del objeto voz en la clínica con estos
sujetos.
En el
apartado de Clínica, Guy
Briole y Antonio García Cenador, y en Síntomas Contemporáneos, Graciela Esebbag y Ana
Simonetti, nos dan la medida del Psicoanálisis como
último recurso, donde el sujeto contemporáneo, puede hallar una respuesta diferente
a la de la ciencia.
Finalmente
las reseñas presentadas por Gloria Bladé y Miquel Bassols que nos invitan a proseguir leyendo.
Myriam Chang Ramos
Cuando en 1964, Lacan propone el nombre de Escuela para fundar el
espacio de los analistas, en tanto diferente de una Sociedad, toma —dice— “este
término en el sentido en que antiguamente significaba ciertos lugares de
refugio, incluso de bases de operación contra lo que ya podía llamarse malestar
en la cultura”. El primer término de refugio, nos podría hacer pensar en un
lugar de resguardo, de descansado amparo. De refugiado era precisamente, la
posición en la que se encontraba Lacan al inicio de su Seminario de aquel año,
el de Los cuatro conceptos, y así lo indica él en las primeras páginas. No
obstante, a reglón seguido, en la misma página habla de base, en el sentido
local, como el lugar donde asentar sus fundamentos, pero sin descartar el
sentido militar del uso de esta palabra. Esto nos acerca a la base de
operaciones, que sin dejar de ofrecer un refugio tiene al contrario una función
principal que es la de ser un lugar de preparación a la acción. En efecto, la
orientación de la Escuela es una constante elección por la acción.
El actual movimiento en oposición al anhelo del poder estatal de controlarlo todo, de verlo y encasillarlo todo, como forma de vencer lo imposible de su quehacer, ha sacado a los analistas de su “discreta” actuación profesional, para salir a las palestras donde discutir y poner en entredicho el empuje a la evaluación así como sus consecuencias.
“Lacan: un deseo nunca en reposo”, era el titulo de un artículo de Eric Laurent, en el boletín Uno por Uno nº 22, donde sostiene que la experiencia analítica al menos debía conducir a que el analista no pueda contentarse con “bellas palabras”.
Los Lugares Alpha, como los nombra Jacques-Alain Miller, aquellos lugares en los que el psicoanálisis ha encontrado un espacio de inserción de su discurso. Y que en el marco de las instituciones produce efectos que se pueden localizar como psicoanalíticos, no pueden sino multiplicarse, por poco que los analistas asuman su acto dando cuenta de ello.
Y es este “dar cuenta” lo que este número de Freudiana pone, o mejor decir, expone al juicio del lector, psicoanalista o no. Los textos que indexa dan testimonio del quehacer de los miembros de la ELP en los diversos ámbitos de lo público, así como al interior mismo de su hacer clínico.
Como tampoco hay reposo a nivel de lo teórico, en tanto la última enseñanza de Lacan, reordena, desclasifica, e incluso abole lo aprehendido, renovando los conceptos y la clínica, el ejercicio del comentario de los textos, no falta en este número. Todo ello es lo que hace del psicoanálisis una constante disciplina del texto en cuestión.
Pero además, este número es
también una señal, como las que se encuentran en los caminos, y que señaliza la
dirección hacia PIPOL 4, Encuentro que con el título de “Clínica y pragmática
de la desinserción en psicoanálisis”, tendrá lugar en Barcelona en julio de
2009.
Myriam Chang Ramos
Dos años median desde que Jacques-Alain Miller realizara —en su
Curso La orientación lacaniana— la Lectura
del Seminario “De un Otro al otro”, que inicia este número de Freudiana.
Son los dos años que median entre la publicación en francés y la edición
castellana de este mismo seminario. Pero son 40 los años que median entre el
momento en que Lacan lo dictara y el momento en que llega a nuestras manos.
¡Que llega en su versión establecida y bajo formato de libro, claro! Porque
fotocopiado, traducido, suelto o enganchado con espirales o grapas, estaba ya a
nuestro abasto desde mucho tiempo atrás. Son 40 años, que se dice muy pronto,
pero son 40 sin caducidad en los dichos. Las palabras de Lacan lejos de
caducar, sorprendentemente se vuelven muy actuales.
Cuando Lacan da inicio a este seminario, sólo han transcurrido
cinco meses desde aquel mes de Mayo que ha pasado a la historia, no sólo de
Francia sino del mundo entero. Podría decirse que esta puesta en cuestión del
poder del amo que la revuelta estudiantil destapa, Lacan la traslada a su
teoría con la puesta en cuestión del gran Otro. A la par que el objeto a se
perfila cada vez más en su consistencia lógica, a partir de este Seminario XVI,
el Otro, siguiendo un proceso inverso inicia el camino de su inconsistencia
hacia su formulación última en tanto Otro que no existe.
El mismo recorrido, desde la primera a la última enseñanza, sigue
Eric Laurent en su artículo Un nuevo amor por el padre. Desde “el”
Nombre-del-Padre en singular, hasta su pluralización. Desde su formulación en
relación al significante, hasta su formulación en relación al objeto a y la
feminidad.
Mientras Eric Laurent toma como hilo conductor la noción del
Padre, Anna Aromí, por su parte, toma como referencia
la Angustia, en este proceso de conceptualización del objeto.
De las consecuencias de este viraje teórico, podemos vislumbrar
sus efectos en los demás artículos: de Daniel Cena y Neus
Carbonell al retomar la historia del psicoanálisis en
su aplicación; de Clara Bardón y Andrés Borderías al
exponer los casos atendidos en el CPCT, de Barcelona y Madrid respectivamente;
de Ceres Lotito y Gemma Ribera al presentar en la jornada del SOL último, en
Tarragona, sendos casos de su trabajo con adolescentes.
En las enseñanzas sobre el Pase, contamos con los Testimonios, de Antoni
Vicens y Céline Menghi, cuya primera exposición tuvo lugar, en el mes de
abril, durante el desarrollo del VI Congreso de la AMP, “Los objetos a en la
experiencia analítica”.
Y para finalizar, Francesc Roca y José Mª Panés,
reseñan dos libros cuyos autores son ambos psicoanalistas y miembros de la ELP:
José Mª Álvarez y Juan Pundik.
Myriam Chang Ramos
Clínica y pragmática de la desinserción en Psicoanálisis es el
título con que convoca el próximo Encuentro Europeo PIPOL 4, que tendrá su sede
en Barcelona, en julio de este año 2009 que ahora comienza.
“Hablar de una ‘clínica y pragmática de la desinserción’ supone
partir de las dificultades de quienes consultan después de haber perdido, o
están a punto de perder, sus vínculos (…) llegando a veces hasta la
autoexclusión. La clínica de la desinserción nos confronta con esa zona donde
la soledad del sujeto cae bajo los efectos dramáticos de la precariedad…” Así
empieza el primer texto, de Vicente Palomera, en este Dossier HACIA PIPOL 4,
que constituye el cuerpo principal de este número.
En el tramo último hacia este Encuentro, este Dossier reúne
trabajos realizados y expuestos en los distintos eventos y jornadas que en la
dirección HACIA PIPOL 4, se han llevado a cabo en distintas ciudades.
En España, el Seminario Itinerante, que se iniciara en Barcelona,
en septiembre de 2008, seguido a pocos meses de distancia, en Málaga y que se
ha de continuar en Madrid y Bilbao en los próximos meses por venir. En Roma, en
París y también en Barcelona, las respectivas Jornadas organizadas por el
R.I.P.A., la red de instituciones de psicoanálisis, son los lugares de
conversación donde se expusieran en primer lugar algunos de los textos que aquí
se publican.
También de los CPCT, como laboratorios que son de la relación
directa que el psicoanálisis ha tomado, en los últimos cinco años, con lo
social, se refleja algunos de sus resultados.
Es pues un work in progress
lo que se constata con la lectura de estos artículos. Tal como dice a
continuación, Vicente Palomera, al dar los ejes de trabajo: “En nuestra
investigación apuntamos a encontrar la envoltura formal que pueda acoger las
distintas versiones de la desinserción, tanto en su vertiente S1, como en su
vertiente objeto a. (…) De lo que se trata en esta serie es de averiguar cómo
la realidad social puede desinsertar la realidad
psíquica y, de otro lado, entender que la desinserción puede ser la
consecuencia de una desidentificación.”
No falta en este número la aportación de Jacques-Alain Miller, se
trata de la continuación de la lectura que realizara en su momento, de
presentación del Seminario de Jacques Lacan, De un Otro al otro, y cuya
primera parte se publicó en el número anterior en Freudiana nº 53.
En el apartado del Pase, Del Cinismo a la ironía, es el
título así como los dos términos alrededor de los que Antoni Vicens organizó el testimonio público que realizara en
Barcelona, el 27 de septiembre de 2008.
Le siguen cuatro textos clínicos, expuestos en distintos lugares y
fechas, y que dan cuenta del saber-hacer con el malestar, del analista, en cada
caso.
En el espacio organizado en la sede de Catalunya, que lleva como
título Debates de actualidad, se realizó a comienzos de diciembre
último, un encuentro sobre el tema: Salidas de Emergencia. Trastornos de la
conducta. En el que las intervenciones de Eugenio Díaz y Victoria Vicente,
dieron el punto de vista del psicoanálisis sobre el “trastorno” que la conducta
de niños y adolescentes, ocasiona en el ámbito escolar actual.
El tema del artículo de Guy Trobas, El adiestramiento de la pulsión en el siglo XXI,
nos proporciona una lectura del presente siglo siguiendo “los destinos”
actuales de la pulsión.
Y para finalizar, dos libros reseñados por Ceres Lotito e Iván
Ruíz, completan con el Aposento de los libros, este nuevo número que Freudiana
hace entrega para finalizar el año 2008.
Myriam Chang
¿De qué da testimonio la desinserción? En su libro Vidas
desperdiciadas. La modernidad y sus parias, Z. Bauman
nos habla de la modernidad líquida, como metáfora sobre la precariedad de los
vínculos, en su transitoriedad y desregulación. Lo presenta como el fin de una
época de inserción en estructuras sólidas y su consecuente e inevitable
producción de «residuos humanos» y «poblaciones superfluas».
Plantea como principales estrategias utilizadas en la relación con
los otros: la étnica, (separación, exclusión), la fágica
( asimilación, el despojar de lo que lo hace «otro») y
el hacerles desaparecer. G. Agamben citado por J.
Alemán en su artículo Derivas sobre la Inserción-Desinserción, en
La brújula nº 145, plantea al soberano actual realizándose como tal en
tanto genera exclusión, espacios de indistinción, lugares donde no se puede
determinar si uno está en el interior o en el exterior. Eso lo hace Amo, esa
capacidad de exclusión radical a un exterior absoluto en el cual no se sabe a que atenerse.
El deseo del analista va acompañado de cierta soledad, ¿cómo
quedar como resto separado, que no desinsertado? ¿Con
qué construir nuestra dársena? ¿Qué posibilidades de inserción se plantean para
el Psicoanálisis en el siglo XXI?
Estas cuestiones se ponen en juego en cada uno de los artículos de
nuestro Dossier (Des)inserción en Psicoanálisis, en
los que la desinserción se presenta como uno de los nombres de lo Real en
nuestra época. S. Cottet en Desinserción: lo sin nombre, nombra ciertos modos de goce que hacen
síntoma social, y plantea el síntoma en relación a una elección, y no como un
déficit en relación a la norma. H. Freda en
Responsabilidades del psicoanalista, presenta la transferencia como lugar
de inserción y lee en la desinserción social, lejos de la idea de la incapacidad
de adaptación, la marca de una imposibilidad de asumir la subjetividad de
la época. Llegamos así al artículo de P.-G. Guéguen
Todos estamos desinsertados, donde
muestra al desinsertado no entrando en el discurso
del amo ni en el capitalista, oponiéndose al «para todos».
El psicoanálisis es lo que permite la escucha de lo que en el
síntoma hay de objeción a la inserción en lo universal. J.-A. Miller en El
aparato de psicoanalizar en Quarto nº 64, plantea
dicho aparato como el que trata lo mental supuesto por lo social. Lo social
teje la red en la que se dará la intersección entre el sujeto y el Otro, que
posibilitará o no la inscripción en el lazo social. La Clínica desde su
orientación hacia lo Real del síntoma permite calibrar el grado de precariedad de
la inserción del sujeto en lo Simbólico, como dan cuenta los casos presentados
por E. Faire y M. A. Vazquez.
J.-A. Miller en Hacia Pipol IV,
en Freudiana 52, nos dice que «un analista no puede funcionar mas que si está en contacto directo con lo social». Algo
que J.-D. Matet plantea en No hay psicoanalistas
en institución sino efectos psicoanalíticos, efectos que no dependen del
encuadre sino del discurso y de los que dan cuenta los trabajos de P. Larena y L. Troianosvki.
En el Curso La orientación lacaniana,
J.-A. Miller realiza una lectura del Seminario De un Otro al otro, que
va del mito a la lógica, hasta la apuesta por el goce.
Algo que se pone en juego en las enseñanzas sobre el Pase, como
testimonio de la relación del sujeto con el goce, C. Menghi
muestra la experiencia de un análisis en el que llega a operar con el resto, a
saber hacer con él. M. Termini hace un recorrido
desde la «cháchara del fantasma», trenzado que hace sentido, hasta el incidente
de goce, fuera de sentido.
En Lecturas, A. Teixidó reseña el libro
de I. Durand, psicoanalista y miembro de la ELP. En
el apartado Investigación contamos con el excelente trabajo de Dominique
Laurent, quien toma en detalle el caso Aimèe,
siguiendo paso a paso la enseñanza de Lacan.
En el surco de su enseñanza ubicamos los Temas de Escuela. Y.-C. Stavy en su lectura del Acta de Fundación de Lacan,
interroga sobre Pragmática y deseo del analista.
En Perspectivas de política lacaniana,
J.-A.Miller nos advierte sobre la autonomía del
discurso analítico, como principio de su política. No se trata de un servilismo
a lo «social», con su patético asistencialismo, sino de encontrar la forma de
aunar nuestra pragmática, y la política de la Escuela para lograr el punto de
inserción en nuestro tiempo.
Gabriela Galarraga
Las portadas de Freudiana son especiales.
Carlos Rolando las construye con retazos de conversaciones, trazos
de genialidad y mucha generosidad. Como quien compone música, escribe sobre un
pentagrama, con forma de F, notas que otros interpretan. Luego les insufla
vida, y en un gesto desprendido, deja caer esas hojas para depositarlas en
nuestras manos.
La portada de este número es extraordinaria. Hace referencia a La soledad del
Psicoanalista y es una ilustración, un dibujo en el que Carlos ha jugado con la
luz para dar cuenta de un vacío.
Hay un vacío relacionado con la posición del analista.
El deseo del analista va acompañado de una soledad de la que el
acto analítico da testimonio, como lo pone de manifiesto el artículo de Pierre Naveau: El final de la sesión.
El psicoanálisis es la experiencia del inconsciente. El
psicoanalista está solo en relación a su práctica, a su responsabilidad, y a su
propio inconsciente. La Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona ha
organizado un magnífico ciclo de Conferencias sobre “Eso que llamamos
inconsciente”. En esta ocasión publicamos dos de estas Conferencias: El
inconsciente, —¡palabra rara! en la que Vicente
Palomera nos habla de un “inconsciente verboso y locuaz”, y El lapsus y el
chiste, donde Hebe Tizio presenta el inconsciente como el texto que Freud
inventa, y la interpretación como su forma de lectura.
En nuestro apartado sobre Clínica, Gustavo Dessal
en su interesante artículo La extraña y misteriosa desaparición de la voz del
Sr. K, y María José Freiría con La temporalidad del lazo, muestran las diversas
modalidades de la soledad y su tratamiento.
La soledad puede ser la forma de nombrar la modalidad de goce,
algo que Miquel Bassols en el espacio sobre el Pase,
ubica como El resto que queda por demostrar, es decir, el resto opaco que viene
al lugar de la no relación sexual. José Ramón Ubieto en Momentos de la
experiencia analítica: la entrada en el pase lo sitúa como la constatación de
lo singular que abre paso a esa experiencia. El Pase
es presentado por Jacques-Alain Miller en Hacia el VII Congreso, como
“testimonio de lo incurable”, lo que alude a esa opacidad, que nos lleva a
“renunciar a la transparencia sin ceder sobre la elucidación”.
Sobre esa tarea se ubica lo que también hace a este número
especial: el extenso espacio dedicado a la lectura que Jacques-Alain. Miller
realizó, en su Curso La Orientación Lacaniana sobre
el Seminario XVI: De un Otro al otro. Lectura que no solo hace legible las
huellas de Lacan, sino que permite ubicarnos en relación a su enseñanza.
En el espacio sobre Investigación, Isabelle
Durand plantea La investigación en Psicoanálisis, una
pasión de la ignorancia, y en el artículo La certeza genética Carmen Grifoll, Susana Brignoni y Guy Briole escriben sobre el
avance de la genética, de la ciencia, como un empuje a dejar de lado al sujeto
y a la pregunta por la causa. El analista “tan solo…” debe hacerse causa. En la
soledad de su despacho causa del deseo de cada analizante.
En la Escuela, junto a otros, causa de un deseo inédito, que permita horadar en
lo globalizante y asolado del discurso actual un vacío en el cual alojar el
deseo del analista.
Gabriela Galarraga
Desde
su nacimiento, hace dieciocho años, Freudiana se propuso dar cabida a una
palabra nueva, y le hizo un hueco entre sus páginas.
La revista ha acompañado los avatares de nuestra Comunidad y de nuestra Escuela, contribuyendo a la lectura de lo particular de su trabajo, aunándolo con lo múltiple de sus voces.
En este número se abre un nuevo apartado orientado hacia el VII Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis: Semblantes y Sinthome.
Con “El arco iris del goce, aún” L. Gorostiza hace del goce opaco del Sinthoma un punto fijo de orientación en la experiencia analítica, que no tiene en el objeto a su última palabra.
En “El semblante en la guerra de las clasificaciones diagnósticas” P. Ordoñez muestra como el debate entre realismo y nominalismo encuentra en el valor conferido por el Psicoanálisis al semblante, una resolución paradojal.
Así de paradojales resultan las formulaciones planteadas en los trabajos del apartado Ecos del Pipol. L.M. Carrión y N. Georges en sus artículos se preguntan cómo lograr en ciertos sujetos una nueva inserción. Algo que C. Lotito plantea en relación al trabajo de duelo.
En La soledad del Psicoanalista publicamos los interesantes trabajos de M. Álvarez, I. Durand y A. Rodríguez sobre distintos recorridos analíticos, dando cuenta de las trasmutaciones subjetivas, de las diferentes formas de saber hacer con lo real, y de la soledad como producto del propio análisis.
Soledad frente a lo que J.-A. Miller en su curso “Una lectura del Seminario De un Otro al otro” plantea como el enigma central del acto psicoanalítico en dicho Seminario: el deseo del analista.
Deseo inédito, que M. Tarrab en “Estar a la hora de lo real” plantea fruto del propio análisis, en el encuentro de las huellas que han marcado al sujeto, y la decisión de poder ir más allá, hacia lo inédito que abre el camino al Pase.
En nuestro apartado sobre Clínica, los interesantes artículos de G. Briole “La mirada del padre” y de P. Foz “Los embrollos del semblante” dan cuenta de la articulación en la experiencia analítica de la dialéctica entre sentido y goce. L. Ramírez en “El síntoma escolar” plantea el síntoma de la escuela como institución, y el síntoma del niño como sujeto.
En Lecturas, Rosa-Alba Zaidel reseña los dos primeros tomos de Conferencias Porteñas de J.-A. Miller, en las que ubica el momento en que “una odisea comenzó: la enseñanza de J.-A. Miller después del fallecimiento de Lacan”.
Del ciclo de conferencias Eso que llamamos inconsciente de la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona, publicamos la conferencia de M. Bassols en la que plantea la obra freudiana “La interpretación de los sueños” como el mejor ejemplo de una investigación sobre lo más íntimo del sujeto de la ciencia. En el límite de lo que el sujeto no quiere saber.
En el apartado de Investigación, D. Cena en su artículo “La belleza convulsiva. Histeria, feminidad y surrealismo” nos muestra la influencia del Psicoanálisis en los surrealistas, quienes hacen de ciertas formaciones del inconsciente herramientas para la creación artística que envuelve el límite entre ficción y real.
Freudiana acoge entre sus páginas reflexiones y elaboraciones de muchos autores.
La escritura es para Lacan “el borde del agujero en el saber”, donde la letra inscribe el litoral, el borde de todo saber posible.
Jugamos con el vacío, rozando letras que disuelven lo que da forma y articulando significantes, semblantes que permiten un efecto de lectura.
Gabriela Galarraga
Una frase nos ha orientado en la
elaboración de este número, la frase que a forma de llamado, Lacan eligió para
la portada de la revista de su Escuela: “Tú puedes saber lo que piensa
la Escuela freudiana de París”.
Freudiana siempre ha sido una revista hecha entre todos, pero en esta ocasión, más que nunca. La revista acoge entre sus páginas algo muy valioso: la contribución de colegas al debate de la ELP sobre la Escuela Una y el Pase.
M. Bassols en su texto De cerca y de lejos, plantea la pregunta “¿Hacia donde se mueve hoy la ELP?”.
Como salida a la inercia, A. Calderón de la Barca Sobre el silencio y el síntoma de la ELP, propone el trabajo de elaboración, trabajo de Escuela y C. Cuñat: Una interpretación disonante, es decir, la que desvela la relación sintomática, “el uso de goce que cada uno hace de la Escuela y sus semblantes”. Algo planteado en El psicoanalista sobre-pasado.
M. Montalbán aborda la forma en las que distintas sedes y comunidades se articulan como Un pequeño laboratorio de Escuela-Sujeto.
S. Eldar en su texto Un deseo lacaniano, plantea la interpretación a la Escuela apuntando al lugar vacío de sentido que prepara la vía del acto.
De la política al acto, G. Ribera se pregunta qué política para una Escuela de analizantes,
Escuela, carteles y pase de P. Heffes hace referencia a los dispositivos constituyentes de una Escuela
G. Alfonso habla del deseo que anima el pase como el deseo que hace vivir la Escuela, en La vivificación, del deseo de Pase. Lo que José Rubio aborda en El pase y lo nuevo.
El Inventario no exhaustivo de las cuestiones que me planteo sobre el pase de N. Jaudel da cuenta de los puntos más candentes de la política del psicoanálisis.
En el apartado sobre El Pase, P. Tassara desde Una posición analizante relata su interesante experiencia como pasadora y pasante.
En Algunas puntuaciones sobre el deseo de pase, S. Eldar habla del pasador, separado de la demanda de sentido y poroso a lo real.
J.R. Ubieto en Varite de los testimonios y momentos de la experiencia analítica: la perspectiva del pasador, plantea el pase como el encuentro con el goce opaco del sinthome y la satisfacción del final de análisis. Algo que para A. Fuentes en Sobre la satisfacción del final de análisis, es el signo del sujeto confrontado con el inconsciente Real.
Llegamos así a la articulación entre El fantasma femenino y los semblantes y el final de análisis, en el que A.L. Lutterbach, “se deja tomar por los textos, haciendo de su parloteo, una escritura”.
Algo legible para E. Berenguer, en esa huella singular que lo real del síntoma deja al “deformar los semblantes que lo rodean”.
Nuestra orientación y la nueva Carte du Pays de Tendre abre el apartado Semblantes y Sinthome, binomio que la psicosis interroga, como hace constar E. Castro en Semblantes y psicosis.
J. A. Rodríguez Ribas nos habla del Cuerpo: inconsciente. Elogio de la presencia.
En Variantes del querer en la superficie del gusto V. Cocooz plantea la flexibilidad que aporta al analista la operación analítica estructurada a partir de la no-relación.
En La Orientación Lacaniana. J.-A. Miller esclarece cuestiones clínicas al hablar del Efecto retorno sobre la Psicosis Ordinaria, planteada como una categoría clínica lacaniana.
A. Rodríguez reseña Para una izquierda lacaniana, sugerente libro sobre la política del Psicoanálisis.
Gabriela Galarraga
Freudiana
publica, en esta ocasión, la última
clase del Curso Una lectura del Seminario De un Otro al
otro, en el que J.-A. Miller introduce la
proposición de Lacan “Las cosas pueden ir tan lejos que se llegue a interrogar el efecto de
pensamiento como sospechoso”.
En una invitación a tomar partido por
el inconsciente, plantea como preciso un pensamiento que deje entrever una
función: la del objeto a.
Algo que nos confronta con Eso
que llamamos inconsciente, como los artículos de M.
Focchi, Del lado del
inconsciente, y de M. Álvarez Sobre
el inconsciente real: “Lo real
no espera nada de la palabra”, en
los que se trabaja la elaboración que condujo a Lacan a formular la noción de
inconsciente real.
E. Laurent en Semblantes
y Sinthome relaciona
los impasses del pensamiento contemporáneo tomados por Lacan, con el término
semblante, en tanto lo que viene a nombrar la forma posible de goce.
En el Apartado sobre El
Pase, publicamos las dos conferencias dadas
en La Comunidad de Catalunya por los AE S. Salman y G. Stiglitz.
S. Salman en Deseo
de pase-Desear el pase trasmite algo singular, al
aislar el modo en que el deseo de pase atraviesa la experiencia del análisis.
En Ánimo de Amar la autora ubica al analista encarnando con su decir y su presencia
el agujero que permite que el circuito pulsional se
recorra. G. Stiglitz plantea La
Escuela como dispositivo contra la
necedad y al analista haciéndose incauto del
semblante, pero sin desconocer lo Real.
M. Tarrab en
su artículo La reducción de la Transferencia y la
soledad del analista, nos habla sobre el “pase terminable e
interminable”, en relación a lo que mantiene vivo la experiencia en el postanalítico.
En el apartado sobre Investigación
R. Navarro, en Algunos
rasgos de la psicosis Ordinaria,
expone las diferencias entre la clínica clásica —continuista— y la clínica
discontinuista de la última enseñanza de Lacan.
En Clínica publicamos los interesantes trabajos de L. Canedo
Siempre no puedo dormir, S. Huler La
seriedad de un juego (De síntoma a sínthoma) y J. M. Panés
Avatares de la enunciación en el autismo.
Sobre la soledad del analista de Vicente Palomera explora la elaboración del concepto de soledad
en el Psicoanálisis, e introduce la elaboración de Lacan sobre el modo
particular de soledad que se produce al final del análisis. A. Castell en Soledad
soñada expone el trayecto analítico realizado
por un sujeto, localizando los desfiladeros significantes por los que acceder a
las determinaciones de su síntoma.
Por último, en Enseñanzas
de los AE, Antoni Vicens
con El Hereje articula de forma exquisita la posición del hereje con los
vínculos sociales creados por el discurso analítico. El autor plantea como
atributos históricos de la herejía, la segregación, la soledad, el aislamiento,
la condena; pero, sobre todo, la creación de una nueva comunidad.
En relación a la soledad, Lacan plantea
la conocida pregunta sobre el libro que uno se llevaría a la isla desierta,
añadiendo al sujeto un tener cualquiera al evocar esta soledad. J.-A. Miller
aclara que esa isla desierta sería el franqueamiento esencial de la era
moderna.
Gabriela Galarraga
Los
hombres y sus semblantes, tema de las IX Jornadas de la ELP, ha sido nuestro
eje en la elaboración de este número de Freudiana.
En la era del hombre sin cualidades J.-A. Miller reflexiona sobre cómo en la actualidad, “El cuerpo se
transforma en escritura, es decir, se busca en su cuerpo lo que hace
escritura”.1 En ese sentido El hombre sin atributos de Musil
es paradigmático, es el hombre cuantitativo cuyo destino es no tener más
cualidad que la de estar marcado por el 1.
Nuestra época está marcada por el final
del régimen del Nombre del Padre, estallido del Uno, como figura de la
excepción, que da lugar a la pluralización de los unos.
Los semblantes en la globalizacion, de
D. Castrillo, hace referencia al siglo XX como el de
la caída de las sólidas verdades reveladas en su naturaleza de semblantes. Iris
Zavala en su interesante artículo Sexualidad y
espacio urbano: Freud y el modernismo,
señala en el siglo XX la eclosión de “escrituras de mujeres” en donde “el
cuerpo de la mujer es un trazo de escrituras superpuestas….escritura que
ilumina con destellos lo erótico”.
Erótica entendida como el aparato del
deseo, singular para cada uno, y que hace objeción a la salud mental que no
cura de la ausencia de relación sexual.
Falta en la que se articulan las
transformaciones de los semblantes masculinos y femeninos sobre los escenarios
propios de cada época, con la forma en que cada uno subjetiva su posición
sexuada.
En Madre y
mujer, J.R. Ubieto nos habla de los cambios
en la relación de las mujeres con la maternidad y con los hombres. Plantea la
maternidad como una elección subjetiva, entre otras, en relación al deseo.
Silvia Ons se
pregunta si podemos pensar Una virilidad sin padre, asociando la idea del declive viril en el mundo contemporáneo
con el declive del padre.
El Psicoanàlisis
se sirve del padre, de un significante Uno, “antiguo significante”, para poder
leer algo de la opacidad del goce del síntoma. Pero para producir un “semblante
nuevo” es necesario ir más allá del sentido abriendonos
a lo real.
Algo de lo que dan cuenta en el
Apartado de Clínica, los trabajos de R. Godinez y de
J.L. Monnier.
La política de la enunciación tiene como
horizonte el pase. En el Apartado sobre el Pase, la Alocucion
de F. H. Freda
señala los dos rostros de la transferencia: el amor que se dirige al saber, y
el más oscuro: el amor que se dirige a lo real.
Publicamos en este número, la excelente
conferencia dictada en la CdC de la ELP por Esthela Solano, titulada El pase
entre interpretacion, demostracion
y aporia,
texto cuyo eje de rotación es la cuestión del imposible que atraviesa la
cuestión de la transmisión y del pase.
Algo puesto de manifiesto en los Informes
conclusivos del Cartel I y II.
En La Orientacion lacaniana, J.-A. Miller se pregunta .Es esto
pase? Planteándolo
como una x, una incógnita, señala un desplazamiento del hecho de pase a la
ficción de pase, evocando no tanto una demostración de saber sino una
experiencia de satisfacción.
L. Erneta
modula en su artículo el “savoir y faire” como “savoir y Satis-faire” añadiendo
la satisfacción en el buen uso del acto.
Por último, F. Roca Sobre
la alteridad, da cuenta de la construcción por
Lacan del concepto del Nombre del Padre y sus virajes, concluyendo con una
experiencia personal en la que “un montón de libros” revelan más allá de la
letra, otra relación con el saber.
(1 ) Freudiana 45, pg. 12.
Gabriela Galarraga